Donramiro Año 1753

La centuria de 1700 es el período histórico mejor documentado de la vieja historia de Donramiro. En 1753 el Marqués de la Ensenada, siguiendo órdenes de Fernando VI, pone en marcha el conocido como Catastro de la Ensenada, que se conserva en el Archivo General de Simancas y que, elaborado a nivel nacional, da cuenta de la importancia de la parroquia gallega. El comisionado fue el Abogado de los Reales Consejos y Juez de la Contribución, Alonso Nicolás de Fonseca y Patiño, quien, junto con los vecinos Amaro del Villar y Benito González como testigos y el párroco de Santa María de Donramiro, Don Manuel Henríquez de Hiebra, recoge algunos datos que aún son de interés casi 260 años después.

Con un Lalín todavía por "inventarse a sí mismo", en el cruce de caminos de arrieros, maragatos y peregrinos a Compostela sobre el que se erigirá la actual capital municipal se levantan las dos localidades más importantes de la zona: Santa María de Donramiro y San Martín de Lalín, presentes en el conocido Catastro. Pero 1753 es un año que ha quedado fijado en la historia gallega por otros acontecimientos como la firma del primer gran Concordato entre Iglesia y Estado o el terremoto de Lisboa, que se dejó sentir en Galicia.

Como consecuencia del concordato de 1753, en la Circular del Plan Beneficial que entra en vigor 16 años después quedan definidas sus obligaciones impositivas "con el Rey" y "con el Obispo de Lugo", con nada menos que 4.400 reales anuales, la renta más alta de la feligresía de Deza junto con San Pedro de Losón y San Lorenzo de Vilatuxe. Este dato da una idea de la importante "pujanza" económica de Donramiro en una época en que nuestros caminos son también testigos de la partida de un jovencísimo noble que abandona el Pazo de Des para ingresar en la Marina y que, con el tiempo, acaba desempeñanado altos cargos de gran responsabilidad: virrey del Perú, secretario de la Marina... Es Francisco Gil de Taboada Lemos y Villamarín.

El documento de 1753 consigna la denominación de Feligresía de Don Ramiro (separado) como su nombre y la declara perteneciente a la provincia de Lugo y sujeta al señorío de la  condesa de Lemos, a quien cada familia debe pagar un real y diecisiete maravedís de vellón. Entonces, en el territorio se contabilizan 28 casas habitables, 29 inhabitables y siete derruidas, y su población ascendía a 28 vecinos –un número que, teniendo en cuenta la época y el tipo de fuente, de carácter impositivo, en realidad no hacía referencia a la totalidad de los individuos sino sólo a los cabeza de familia u hogar–.

La Casa de Castro, titular del condado de Lemos, toca a su fin a la muerte del XIII conde de Lemos, Joaquín Diego López de Zuñiga y Sotomayor, que no deja descendencia. El condado pasa así, pocos años después, a la Casa de Berwick y, a través de los Fitz-James Stuart, a la Casa de Alba. Donramiro mira por aquel entonces a Lugo en lo religioso y a Monforte en lo relativo al tributo, y las tierras de Deza acogen a hidalgos originarios de estos pagos, como don Pedro Montenegro o la viuda doña María Nicolasa Suárez de Deza y Oca.

Las tierras del hoy municipio de Lalín son conocidas por sus arrieros, especialmente Bernardo Gutiérrez y José de Otero, ambos de Santa María de Bermés, y Domingo de Forján y Juan González, de San Pedro de Castro. También lo son por quien entre 1713 y 1742 ejerció como notario en San Cristóbal da Pena – Donramiro: don Diego Taboada Salgado.

Además de la iglesia, el lugar más concurrido de la zona en aquel tiempo es la taberna, regentada por Amaro del Villar, en la que se sirve "vino al por menor", gracias a la "cesión que los vecinos de ella le han hecho en la cantidad de doscientos quince reales vellón, para ayuda de la SISA que se pagaba en la ciudad de Lugo y Tesorería de Rentas Provinciales de ella en cada un año, la utilidad que este tráfico le dejará al año, ascenderá su valor a sesenta reales vellón". Ninguna actividad productiva de relieve se registra en la zona: ni cambista, ni mesonero, ni carnicero, a lo que se suma la ausencia de ferias periódicas. Sin embargo, varios eran los maestros de artes mecánicas: dos sastres, Domingo Taboada y Amaro de Trabazo; el carpintero Pedro González; y el tejedor Froilán de Trabazo. Todos ellos completaban sus escasas rentas con tareas de agricultura de subsistencia. No obstante, no había "artista ni artesano" alguno. De su población total, seis personas eran "pobres de solemnidad", según declararon los dos testigos y ratificó el cura ante el delegado regio responsable de conocer, con el fin de fijar futuros impuestos, la riqueza de estas tierras, entonces aún lucenses. La "profesión" mejor nutrida era la de clérigo: tres, nada menos, además del ya mencionado párroco de Santa María.

La feligresía ocupaba por esas fechas una legua cuadrada –la legua en esa época equivalía a 5,57 kilómetros– de superficie: "De Levante a Poniente un cuarto y del Norte al Sur otro cuarto de una legua y de circunferencia una legua que para caminarla se ocupará hora y media; LINDA, principiando en el Rio de Estanco, subiendo a Fuente Sanguiño, Portillo del Agro de Pena Aguda, bajando por la cerradura de Agro de Vales, dando vuelta al Puerto Barreiro y al riego de Porto Présela, subiendo al monte de Couto, taberna do Olmo y sigue a la cancela do Pazo, bajando al Rio de Porto Asmeas, molinos da Buzaqueira y al rio de Estanco, que es la primera demarcación; LINDA, por el Levante con las feligresías de San Cristóbal da Pena y la de Santiago de Catasos, por el Poniente con la de Santa Eulalia de Don Sion, por el Norte con la feligresía de San Martin de Lalín y por el Sur con la de San Adrian de Moneijas y su forma es la del margen".

Las tierras de labor estaban dedicadas a fruta, principalmente manzana y cereza, compartida con hortaliza. La medida al uso es el ferrado de centeno, pues centeno y mijo son los cereales más habituales. No son tierras muy productivas, como recoge el representante real: "Dijeron, que el valor de un año con otro, de un ferrado de trigo será a cinco reales, el de centeno a tres, el de mijo menudo a dos, el de un carro de leña a otros dos, un par de capones cuatro reales, el de un carro de tojos un real, una gallina dos reales, una libra de lana un real". Pero a pesar de la baja productividad, sí son altas las obligaciones tributarias que aquejan a nuestros antepasados de Donramiro: "Dijeron, que sobre lo que producen las tierras se hallan impuestos DIEZMOS y PRIMICIA, los que perciben de por mitad el cura Párroco y la Excelentísima Señora Condesa de Lemos, así mismo perciben de cada vecino cabeza de casa cuando se muere, por razón de ABADÍA, el mejor vestido que tenga, a excepción de los dos ya referidos en el capitulo segundo, que de estos no lo hacen, también percibe dicho cura de cada vecino cabeza de casa un ferrado de pan mediado por razón de OBLATA y el cabildo de la ciudad de Santiago la tercera parte de un ferrado de centeno por razón de BOTO y el de la ciudad de Lugo, por la misma razón también percibe de cada vecino un maravedí".

La actividad industrial de Donramiro en 1700 es testimonial, con apenas tres molinos harineros de una muela, dos de ellos, propiedad que don Andrés de Ulloa comparte con un tal Felipe Ferradas, los únicos exentos de tributos a la condesa de Lemos. La cabaña ganadera, constituida por "bueyes, bacas, novillos, novillas, terneros, terneras, ovejas, carneros, corderos, corderas, cerdos grandes y pequeños, cerdosas de vientre, cabras y cabritos, yeguas, potros, potrancas, caballos, mulas y machos", es más que ajustada a las necesidades de sus vecinos, si bien es relevante la práctica de la apicultura, contabilizándose trece colmenas.

La visita del delegado real fue además aprovechada, y de este modo queda reflejado en las actas que se conservan en el Archivo General de Simancas, para extender el "auto de la justicia ordinaria sobre arrendamiento de tierras eclesiásticas". Cumpliendo con su cometido, Alonso Nicolás de Fonseca y Patiño dejará constancia y mandato para que se mantenga "la costumbre que se observa en esta dicha feligresía y termino en punto de bienes de eclesiásticos que traen por arriendo los colonos legos, teniendo respecto a las circunstancias de los arrendamientos declaren que de las tierras de sembradura de labradío de primera, segunda y tercera calidad perciben los dueños propietarios la tercia parte de su producto y las otras dos tercias los colonos poseedores, poniendo estos por entero las semillas que se les siembran, pagando el diezmo del total de dichos productos de las tierras de hortalizas, prados de primera, segunda y tercera calidad, llevan los dueños la mitad de su producto y los colonos la otra mitad restante y de el de los montes el quinto, así lo dijeron bajo el juramento hecho".

Este era el paisaje que de Donramiro (o Don Ramiro) quedaba constancia en el más antiguo, completo y "científico" documento que sobre nuestra historia se conserva.

NOTA: Nuestro agradecimiento y afecto personal y profesional al profesor de Historia y natural de Donramiro, Antonio Vidal Neira, por su trabajo de recopilación y sus gestiones para la traducción del original, escrito en el castellano de la época.
* El original utilizado como fuente, el Libro 184 de la Provincia de Lugo (páginas 13025 a 13040), se encuentra en el Archivo General de Simancas. Los párrafos entrecomillados recogen la traducción literal del original.